viernes, 2 de octubre de 2009

El amor es así



Soñé que el fuego helaba

soñé que la luna ardía

y como soñé un imposible

soñé que tu me querías,

al despertar de mi sueño

me di cuenta entristecido

que nunca seré tu novio,

que siempre seré tu amigo.

sábado, 8 de agosto de 2009

Floridablanca, al Sur de La Patagonia.

Rey Carlos III

Mapa del citio


Grupo de Tehuelches de la época


Floridablanca:


Hace unos días me encontraba ojeando unas viejas revistas que tengo guardadas, las cuales datan de la década de 70’.
En una de ellas me llamo la atención un artículo que me gustaría compartir con ustedes.
Esta revista esta fechada en marzo de 1975.
Para ponerlos en contexto les comento que, el artículo es una investigación llevada a cavo en Puerto San Julián una localidad de la provincia de Santa Cruz en la republica Argentina, en donde un grupo de arqueólogos de la época descubrió las ruinas de una antigua ciudad Española.



Los fantasmas de Floridablanca:


En las proximidades de San Julián, un pueblo Castellano permanece sepultado desde el siglo XVIII, erigido por orden del entonces Rey Carlos III, llego a tener 250 habitantes y sobrevivió durante cuatro años.
Paradójicamente, no fue destruido por la naturaleza sino por sus propios fundadores.
Según los funcionarios de aquella época, no valía la pena poblar el extremo sur del continente.
En medio del árido paisaje patagónico, azotado por el viento y la soledad, un equipo de universitarios se propuso una ambiciosa y apasionante tarea: exhumar los restos de la Colonia Floridablanca, una antigua ciudad erigida durante el mandato del virrey Vertiz, por orden expresa de Carlos III, rey de España.
De aquellos trabajos, palada a palada, dado que fue financiada la investigación por la municipalidad de San Julián, surgieron las arquitecturas de una de las primeras ciudades instaladas al sur del Río Colorado.
También una historia de Piratas, viejos Galeones y fantasmas de Corsarios que, en las dilatadas costas del Océano Atlántico Sur, tejían una bitácora de depredaciones, ambiciones territoriales e intereses políticos.
Aunque la arqueología exige costosas investigaciones en archivos y complicados trabajos de prospección, las obras de reflotamiento de Floridablanca en solo dos meses de tareas han aflorado vestigios de un extraño caserío que abarcó varias hectáreas. También, restos de sus habitantes que demuestran que entonces gozaban de insólitas comodidades: botellas de vidrio, botones de bronce y nácar, cápsulas y municiones, carpintería y herrajes de complicadísimo diseño, inclusive un productivo horno de ladrillos y cerámicas.
Algunas fuentes historiográficas consultadas en Buenos Aires y viejos documentos de la época del Virreinato del Río de La Plata, permiten ahora recomponer las piezas de un rompecabezas cuyos hitos fundamentales se remontan a una vieja puja entre España e Inglaterra y a los intentos de habitar un territorio dominado por los Indios Araucanos los endemoniados huracanes y las amenazas de los Piratas de le época.



Geopolítica y encaje antiguo:


Viejos itinerarios y derroteros náuticos den cuenta de que, en épocas del virreinato, la actual Patagónia no estaba sólo a merced de los aborígenes. Sus costas, excelentes cotos de pesca de ballenas, habían desatado las apetencias de los holandeses y de buques factorías fletados por el imperio Ingles.
Frente a donde ahora están enclavadas las ciudades de Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia y Río Gallegos, los historiadores lograron documentar las andanzas del pirata ingles Francis Drake.
Según parece el celebre corsario recorrió esas costas.
Pero establecer fortines contra las piratas y balleneros no era el único motivo que tenían las autoridades rioplatenses para asentar colonos en el sur.
La radicación de europeos era también una forma de hacer valer derechos territoriales, una manera de detentar para España el estrecho de Magallanes, un paso interoceánico que convertía al extremo austral del continente en una de los puntos de mayor valor estratégico del planeta.
Un documento elaborado por José Moniño, conde de Floridablanca, advirtió en el año 1778 a las entonces autoridades metropolitanas sobre el merodeo de embarcaciones extranjeras. “La frecuencia con que los ingleses envían naves a las proximidades de las Islas Malvinas para dedicarse a la pesca de ballenas –señalaba-, los reconocimientos hidrográficos que se practican y el deseo de utilizar esas tierras, nos hace recelar sobre su intención de sentar la planta sobre algún paraje de la parte que corre desde el río de la Plata hasta el estrecho de Magallanes.
Fueron esas consideraciones que empleó el rey de España para ordenar a su delegado Vertiz –por Real Cedula del 24 de marzo de 1778-, la construcción de la Nueva Colonia de Floridablanca, a “tres leguas del mar, frente a la bahía de San Julián”.
Ese pueblo –junto con otros tres asentamientos hasta ahora no ubicados en el sur Argentino-, constituye un verdadero interrogante arqueológico.
En las excavaciones realizadas en la época en las ruinas, no solamente aparecieron vestigios de sus antiguos habitantes. También cascos y yelmos –increíblemente conservados- y una piedra del molino harinero existente en el lugar (que inexplicablemente fue enviada a un museo de Viena en Austria), fueron cosechados por buscadores de tesoros antes de que se emprendieran los trabajos de investigación.
Un antecesor de los investigadores el comerciante Pedro Ganam, reconoció, entre los años 1.941 y 1.942, cuando era alcalde de San Julián, que visito el lugar.
“Comprobé que había unas lomitas sospechosas –dijo-, y que sobre la tierra, casi inadvertidas entre los arbustos, se asomaban algunas tejas rotas, delatando la existencia de viajas construcciones. Pero por esos años la intendencia estaba preocupada en otras cosas y no se inicio ninguna tarea de investigación al respecto.
Mucho antes de esas inquietudes el gobierno nacional también se ocupo por la zona, algo que indirectamente, también afectó la conservación de los restos de Floridablanca. Por decreto del 17 de diciembre de 1.901, el poder Ejecutivo designó al ingeniero Miguel Olmos para realizar exploraciones y mensuras de una extensa zona del entonces Territorio Nacional de Santa Cruz.
El profesional durante su estadía en Puerto San Julián, extrajo de la zona –e informó de ello- algunos maltrechos restos, acaso mas como un testimonio de su paso por allí que como útil medio de divulgación científica. Entre esos objetos según declara en aquellos años, Olmos halló una moneda de plata y otra de cobre, con la efigie de Carlos III grabada en una de sus caras.
Llegar hasta esos vestigios, para cualquier cosechero de trofeos coloniales era, hasta que al intendente de San Julián se le ocurriera rescatarlo (y cercar esos terrenos), relativamente sencillo: bastaba con transitar dos leguas de camino de ripio, para acceder al lugar y con un pico y una pala comenzara a rasgar en los restos del antiguo asentamiento.

Prontuario de frustraciones:


Existe suficiente bibliografía sobre el tema como para hilvanar la corta vida de Floridablanca.
Según Amado E. Lafuente (25 años, encargado del equipo de esforzados arqueólogos que trabajaron en los restos en la década del 70`), el fundador de ese establecimiento, Antonio de Viedma, zarpó del puerto de Montevideo el 13 de enero de 1780, rumbo a la Patagonia. “Comandaba una escuadrilla de paquebotes, bergantines y goletas, guiadas por José de la Peña, experto piloto y cartógrafo de la época”. Junto a Viedma iban 18 pobladores solteros, algunos artesanos, un oficial de artillería y 30 soldados. Muchos de ellos, que viajaban acompañados de sus esposas, tuvieron hijos en la naciente población.
Además llevaban, 10 mulas, víveres para un año y agua potable para cuatro meses. “Se habían provisto de agua, por que el virrey tenia información de que ni en San Julián ni en sus inmediaciones existía un curso de agua dulce”. -Sin embargo cuando con mi compañero José E. Iglesias otro de los investigadores, descubrimos el horno de ladrillos, cerca de allí observamos la existencia de un río ahora seco y pedregoso, probablemente Floridablanca se haya fundado allí por sus entonces aguas cristalinas-. Comento el arqueólogo.
El diario de navegación de Viedma da cuenta que su escuadra llego a San Julián el 23 de marzo de 1780.
Ese día 2 Caciques Tehuelches llamados Julián Grande y Julián Gordo dieron cuenta –según relata el fundador de la aldea- “de la existencia, a 3 leguas de la costa, de agua muy buena y permanente, de buenas tierras a poca distancia de allí”.
Sin embargo Viedma, ante de instalarse, exploro las costas atlánticas hasta Santa Cruz, invernando en Río Deseado.
Recién el 1º de diciembre de 1780, Antonio de Viedma se instalo en la naciente colonia.
El acta redactada en esa fecha, da cuenta de que el capitán efectuó un acto que, según las costumbres de la época, asentaba el dominio del rey de España sobre esos terrenos: desembarcó, cortó ramas, arrancó matas, deshizo terrones, movió piedras “e hizo todos los demás actos de posesión en derechos necesarios”.
Rodeados de indios –que colaboraron en el suministro de alimentos-, los españoles iniciaron el 6 de enero de ese año la construcción del fuerte. Según el historiador naval Héctor R. Ratto, “la población ascendía 150 personas y las pertenencias de la colonia eras de 30 mulas, igual cantidad de equinos, 18 vacas, 24 cerdos y 700 aves de corral”.
Un fuerte de madera, un hospital, un molino de trigo, una panadería, una capilla –consagrada el 28 de enero a Nuestra Señota del Rosario y a cargo de un sacerdote franciscano-, estos constituían los principales edificios públicos asentados como era de rigor, alrededor de la Plaza Mayor. Además contaba con las viviendas particulares de los pobladores y los talleres y negocios, con sus respectivas herramientas.
Posiblemente por el fracaso de las cosechas y el mal régimen alimenticio, pestes y enfermedades diezmaron a los colonos. “Maria Ortiz –dice el diario de Antonio de Viedma-, murió el 8 de febrero de 1781; en abril fallecieron Maria Ferreira y Bartolomé Tamame. En mayo otros 4”.
Los indios informaron al comandante de la existencia de bosques,
en las nacientes del río Santa Cruz.
El 7 de noviembre de 1782, a bordo del bergantín San Francisco de Paula remontó su curso llegando hasta los lagos cordilleranos.
La población sobrevivió “con pacifica quietud, ayudada por los indios, apesadumbrada por la escasa alimentación (durante temporadas se llego a imponer el racionamiento de los víveres) y aprovisionada de tanto en tanto por algún barco enviado desde la capital del Virreinato.



Muerte y pueblo:



Ajenos a las decisiones metropolitanas, los pobladores de Floridabanca vieron llegar,
en enero de 1784, un emisario real.
Según un oficio, informo a los colonos que, en San Lidofenso, el 1º de agosto de 1783, el rey dio orden de abandonar las poblaciones en la Patagonia y de dejar la tierra arrasada, con el solo testimonio de “una columna o pilastra que contenga las armas reales y una inscripción que acredite la pertenencia de ese terreno”.
Lafuente, juzgando esa decisión, reconoce hoy en día que sobre “la razón prevaleció el impulso medroso, sobre el concepto de estadista la mezquindad del burócrata, sobre el espíritu de empresa el limitado pensamiento del administrador.
Los sacrificios personales, las duras experiencias, el dominio del tiempo y del espacio, de nada valieron”. La orden del Rey de España, cumplida al pie de la letra por el Virrey Vértiz, era desalojar la colonia de Floridablanca, arrasar sus casas y construcciones, destruir sus sembradíos y, aun, erradicar las cruces del diminuto cementerio.
La orden, a pesar de la resistencia de quienes habían dado hijos a esas tierras y a pesar de los sinsabores y rigores climáticos aprendieron a amarla, a pesar de todo eso, fue cumplida totalmente.
El 28 de enero de 1784 se hizo efectiva la instrucción del rey de España. “Todo fue destruido, lo que pudo desarmarse lo fue, el resto quedo arrasado.
Contra lo que cualquier arqueólogo despistado pudiera pensar 189 años mas tarde, en la fecha de publicación de este articulo en la revista, las ruinas de Floridablanca no fueron deshechas por el tiempo sino por la mano del hombre. Los juicios que los españoles entablaron contra la corona, exigiendo justas indemnizaciones por el desalojo, fueron ventilados –reconociendo sus derechos- en la Junta Superior de la Real Hacienda, con asiento en Madrid España.
El 20 de marzo de 1784, en Buenos Aires, Simón de la Puente, tesorero de Floridablanca, rubrico un ultimo acto administrativo, informando de los objetos abandonados en dicho territorio: las embarcaciones fletadas desde la capital del virreinato no dieron abasto, en sus bodegas, para transportar lo que allí existiera.
Artillería, municiones, arados, piedras de moler, carretillas y miles de objetos de menor tamaño fueron esparcidos en terrenos cercanos al efímero pueblo.
Siglos después, algunos investigadores intentaron hallar el último vestigio Español en Floridablanca: el pilar que, según la ordenanza dictada por Carlos III debía testimoniar la soberanía española en esas costas.
“Todo parece –informo Lafuente, uno de los investigadores, con nostalgia- que el lanzamiento se efectúo precipitadamente: por más que buscamos no pudimos dar cuenta de esa construcción”.
Algunos documentos de la época –cuya lectura facilitada a la Revista Siete Días por el Instituto de Estudios Histórico Navales de la Armada Argentina-, dan cuenta de que el virrey Vértiz no opuso la menor resistencia ante el mandato del rey de España. El 22 de febrero de 1783 (y quizás inspirando a sus superiores la concreción de tan insólita actitud), quien fuera bautizado como “el virrey de las luminarias”, sugirió el despoblamiento de La Patagonia. Exactamente un año después, cuando de Floridablanca no quedaban sino algunos ladrillos destrozados- “para que no sirvan de abrigo a vasallos de otras potencias de la época”, según su interpretación de la orden-, Vértiz desplazado. Mientras abandonaba Buenos Aires rumbo a Cadiz España, un ministro de Carlos III intentaba convencer al Monarca sobre la necesidad de mantener el Sur del virreinato poblado.
Pero, claro, ya era tarde.



Nota:
Periodista: Roberto Vacca.
Articulo extraído de la Revista Siete Días, con fecha del 7 de marzo de 1975.

jueves, 23 de julio de 2009

Nieve en Trelew


Nieve en la ciudad de Trelew. Ayer por la mañana.

Cosa poco común, dado que puede estar nevando intensa mente en los alrededores,

pero dentro de la ciudad casi nunca.

Dado a la gran nevada caída, se produjo el corte de la Ruta Nacional Nº 3 entre las ciudades de Comodoro y Trelew, por espacio de 24 hs.

El clima sigue muy malo, con temperatura bajo cero. Se estima que el fin de semana seguirán las mismas condiciones climáticas reinan tes hasta el momento.

lunes, 20 de julio de 2009

Península Valdés: este año se esperan 2.500 ejemplares de ballena franca


Existen varios programas de trabajo que incluyen a la ballena franca austral y uno de ellos es el censo que se lleva a cabo a través de especialistas del Centro Nacional Patagónico cuyo objetivo es conocer el crecimiento poblacional de los ejemplares a través de los años, es decir, saber si llegan a aguas chubutenses más número de animales y si, en definitiva, la temporada se extiende mucho más allá de mayo a diciembre.

Enrique Crespo es uno de los integrantes de este equipo de trabajo y comento “el primer censo lo hicimos los primeros días en el mes de mayo y contamos sólo cinco ejemplares y a fines de junio, ya contamos unas 350 ballenas, un número normal y esperado para esta época de la temporada. Para septiembre, calculamos que estaremos llegando a las 900 ballenas”.


Población mundial

El crecimiento de la población es sostenido en los últimos años y ronda el 7 por ciento.

“No se puede estimar cuántos ejemplares hay en el mundo, pero calculamos que todos los años, por esta zona, están pasando 2.500 animales aproximadamente ya que aproximadamente se quedan en la zona no más de 60 días para cumplir con el objetivo de ese año: copular o parir. Esta es sólo una fracción de la población mundial.

Si se suman todos los stock que hay en el mundo, podríamos hablar de unos 7.000 animales en todo el mundo, aproximadamente”, agregó el biólogo.

Cabe mencionar que Crespo y un grupo de trabajo del Cenpat llevan adelante un monitoreo anual poblacional. “Definimos un área de muestreo que va desde la desembocadura del Río Chubut hacia el norte hasta Punta Ninfas, entra al Golfo Nuevo, sale, contornea Península Valdés, entra al Golfo San José, sale y entra en el San Matías hasta el paralelo 42, lo que equivale a 550 kilómetros.

Monitoreamos la franja costera porque se sabe que los animales están en esa zona a pesar de que hay ballenas en el medio del golfo, pero es una fracción mínima que aún no está estimada. Relevamos 1.5 kilómetro de zona costera a través de vuelos que tienen una duración de unas 5 horas y contamos animales en esta zona.

Contamos hembras con crías, a veces aparecen hembras con crías del año anterior, individuos solitarios, y grupos de cópula”, contó Enrique Crespo sobre el trabajo que se realiza.


La temporada, ¿extendida?

Mucho se habla sobre la estacionalidad de las ballenas en la zona de Península Valdés.

Los especialistas señalan, por ejemplo, que “hemos visto animales en el mes de enero.

Esto se debe a que puede ser algún animal que llega temprano a la zona o algún retrasado.

Sí es cierto que el pico se registra en septiembre y a partir de allí empieza a bajar.

No sabemos si son animales que se quedan.

Las ballenas están poblando todo el litoral marítimo y el crecimiento poblacional es constante y sostenido.

Desde Santa Cruz hasta Río Negro y Buenos Aires, es el lugar donde se avistan. La conexión entre Brasil y Península Valdés es cada vez más frecuente ya que forman parte

del mismo stock.

En época de ballenas se pueden observar en todo el litoral”, agregó Crespo.

El crecimiento, un 7 % “Hicimos dos relevamientos en los años ’99 y 2000 y llevamos siete años concretos de trabajo y el incremento es del orden del 7 por ciento anual.

Este año, por primera vez, estamos haciendo un relevamiento conjunto con la gente de Varamiento y los relevamientos aéreos los estamos haciendo con el aporte de la Administradora Península Valdés.

El crecimiento es sostenido y notable”, señaló el integrante del Centro Nacional Patagónico. Según el trabajo de Crespo, a lo largo de los últimos diez años, se triplicó el número crías en la costa chubutense.#
Nota extraida del matutino: Diario Jornada de la ciudad de Trelew 20 de Julio 2009

lunes, 15 de junio de 2009

El Mate


Un mate y un amor:


Lalo Mir en el programa 'Lalo Bla Bla' Radio Mitre (ARGENTINA)


El mate no es una bebida. Bueno, sí.

Es un líquido y entra por la boca.

Pero no es una bebida.

En este país nadie toma mate porque tenga sed.

Es más bien una costumbre, como rascarse.

El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿ unos mates ?'.

Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.

Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.

Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.

Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.

En verano y en invierno.

Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide.

Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes.

Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate.

Se te sale el corazón del cuerpo.

Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates.

La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'.

El otro responde:'Como tomes vos'.

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.

La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre.

Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas.

Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.

La yerba no se le niega a nadie.

Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.

Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.

Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.

No es casualidad. No es porque sí.

El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...

Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena.

Es querible la compañia.

Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.

Es el compañerismo hecho momento.

Es la sensibilidad al agua hirviendo.

Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.

Es la modestia de quien ceba el mejor mate.

Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación.

Es la justicia de uno por uno.

Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.

Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

¿ TE SENTISTE INCLUÍDO ?....


Compartilo entonces con quienes alguna vez tomaste un mate
"Dedicado a una gran amiga de Mexico"
Con todo cariño para Bety.

miércoles, 10 de junio de 2009

Gaiman

Vista del Río Chubut en su paso por la localidad de Gaiman


Una Noria en el Río Chubut Gaiman

Museo de la ciudad, antigua estación del Ferrocarril

Túnel por donde paso el Ferrocarril, monumento de la ciudad




La ciudad de Gaiman se encuentra en el valle inferior del Río Chubut, a unos 40 Km de la ciudad capital del Chubut Rawson.
Es un oasis en medio del gran ecosistema árido del norte Chubutense, el ultimo censo arrojo un total de 5753 habitantes.
Conocida prinsipalmente por su tradición Galesa y por el orgullo de sus habitantes, las casas de Te, en donde se pueden degustar una amplia variedad de exquisiteses, tales como: Tortas, Tartas, Dulces, Scones, el propio Te y lo mejor de todo la ya legendaria Torta Negra Galesa.
Su historia cuenta que los primeros colonos galeses arribaron a las costas del Chubut el 28 de julio de 1865 en el barco Mimosa, provenientes del país de Gales.
Primero se establecieron en las cercanías de la desembocadura del Río Chubut, naciendo la ciudad de Rawson.
Posteriormente, con las nuevas oleadas migratorias se fue poblando gran parte del Valle Inferior.
El galés David D. Roberts, en el año 1874 fue el pionero en habitar esta tierra llamada Gaiman, vocablo Tehuelche que significa “Piedra de afilar”.
Hacia el año 1885, la ciudad fue cede del primer municipio de Chubut.
En el plano urbanístico, se destacan las casas de ladrillo cocido, conservando su aspecto colonial del siglo XIX y las antiguas Capillas. Pintoresca ciudad por todos sus rincones, suele ser la escapada de gran parte de los habitantes de ciudades vecinas, para disfrutar sus bondades.
Para tener en cuenta al visitarla:
Museo Regional Galés: en la vieja estación Gaiman del Ferrocarril Nacional Patagónico.
Museo Antropológico
Primera Casa
Parque el Desafío: en la vera del río Chubut, desde abril de 1980
Parque Paleontológico: "Bryn Gwyn", a 10 km de Gaiman
(galés, Bryn Gwyn = significa "Loma blanca")
La distancia desde Buenos Aires a Gaiman es de 1.450 km por la RN 3.
El aeropuerto Alte. Zar de Trelew está a 20 km, donde llegan varias líneas aéreas.

jueves, 28 de mayo de 2009

Invetigan, especies fociles de la flora Chubutense

Imagen, de una de las campañas en Laguna Del Hunco.

Hace 52 millones de años, lo que hoy conocemos como Patagonia compartió con Australia la existencia de la especie Eucalyptus, en contra de lo que se suponía hasta ese momento.

En su momento la noticia generó tanto escepticismo que una investigadora argentina integrante del equipo de especialistas debió llevar fotos de los fósiles para convencer a sus colegas de que las hojas y frutos hallados pertenecían a esa especie, que es oriunda de Australia.

Los polémicos registros fósiles salieron de Laguna del Hunco, un yacimiento ubicado entre las localidades chubutenses de Gastre y El Maitén.

La bióloga trelewense Cynthia González, investigadora del Museo Egidio Feruglio, desarrolló su tesis de doctorado en base a la inquietud de conocer más sobre ese sitio tan especial, que no deja de sorprender a quienes hurgan en sus profundidades.

En 2006 la investigadora María Alejandra Gandolfo viajó a Australia para mostrar el registro de lo hallado en Laguna del Hunco. Tuvo mejor suerte que su colega Edgardo Romero, quien hizo lo propio en 1998 pero no consiguió la aprobación de sus pares australianos.

¿Cómo es posible que en esta parte del planeta la flora del pasado haya sido similar a la que actualmente se encuentra en Australia?

“La diversidad de Laguna del Hunco se explicaría porque su ubicación en una zona de transición entre dos bioregiones distintas. Eso ocurre en todos los lugares de transición”, aseguró González, quien integra el equipo de Gandolfo.

La especialista describió que “allí convivían especies que necesitaban clima tropical, otras que actualmente se encuentran solamente en Australia, pero también otras especies propias de la región Antártica. Era una mezcla rara”, aseguró.

De acuerdo a estudios previos sobre los cuales trabajó González, Laguna del Hunco estaba ubicada en una zona boscosa en la cual la temperatura oscilaba alrededor de los 16 grados, con lluvias de hasta 1.200 milímetros anuales.

Rodeada por volcanes en actividad, la zona conservó material en perfectas condiciones gracias a que la ceniza cubrió hojas y frutos y los depositó en el fondo del espejo de agua.



Eucaliptos en América

La investigación de González se basó en un meticuloso estudio de las formas actuales de las hojas, ramas, flores, frutos y semillas de las especies de angiospermas (plantas con flor) que existen hoy en Argentina, en Sudamérica y en Australia, para poder compararlas finalmente con los registros fósiles encontrados en Laguna del Hunco.

En ese proceso se evidenció que durante el Eoceno temprano, la época que estudió la bióloga, el género Eucalyptus fue parte del paisaje local.

“Siempre se creyó que el origen de la familia que porta a la mencionada especie era de Australia, y que la existencia de Eucalyptus fue posible en Sudamérica porque migró desde Australia, pasando por la Antártica, cuando esas formaciones estaban unidas.

Pero estos nuevos hallazgos sugieren otras rutas y quizás otros sitios de origen, ya que los Eucalyptus fósiles de Patagonia son uno de los registros más antiguos del mundo, con una alta abundancia y diversidad para esa época estudiada”, mencionó la investigadora, quien se desempeña en el Museo Egidio Feruglio.

González propuso que, además de los Eucalyptus, el resto de las familias de plantas estudiadas utilizaban tres ‘corredores’ de migración: la denominada ‘ruta americana’, que habrían utilizado los grupos de plantas posiblemente originarios del hemisferio norte o del norte de Sudamérica; el ‘corredor de Sudamérica –Antártida–Australia’: que utilizarían los grupos de plantas característicos de climas templados de América y Australia y la ‘ruta africana’ (América – África –Australia), seguida por grupos de plantas característicos de climas tropicales y subtropicales.

La extinción en América del Eucalyptus, además de otras especies, llegó a partir del Eoceno medio (50 a 38 millones de años), con los cambios en la geología y en el clima, el descenso de la temperatura y la disminución de las lluvias.



Claves del pasado

Para González la dificultad de la investigación radicó en la ausencia de bibliografía que describiera las especies de Argentina.

“El trabajo fue doble porque hubo que aportar sobre lo actual y lo pasado”, señaló. Y agregó: “Los fósiles nos ayudan a ver el pasado y nos permiten trasladar la información obtenida de ellos hasta el día de hoy. Al mismo tiempo, una buena comprensión de las formas actuales contribuye a nuestra comprensión de las que ya se extinguieron”, sintetizó.

En ese sentido, su tesis también revisó errores que se arrastran desde el primer trabajo publicado sobre Laguna del Hunco, elaborado por Edward Berry en 1925: es que en ese momento el investigador sólo pudo comparar lo que halló con la flora de Estados Unidos, que es de la que se tenía registro en esa época.

La tesis de la bióloga, que demandó cinco años, forma parte de un proyecto mayor en el que participan, además del Museo Egidio Feruglio de Trelew, las universidades de Buenos Aires, Cornell, Pennsylvania, Denver y el Instituto Smithsoniano de Washingthon.

La investigación continúa ya que, a pesar de su riqueza, Laguna del Hunco no ha sido demasiado explorada. “Todavía hay mucho para averiguar pero los resultados obtenidos ya aportan información a la paleoecología y a la paleoclimatología”, aseguró González, quien también se desempeña como ayudante de la cátedra de Botánica en la Universidad Nacional de la Patagonia. “La flora es esencial para saber qué estuvo pasando en ese momento en la historia de la tierra”, aseguró.


Nota extraída del Periodico, Diario Jornada
de la ciudad de Trelew Privincia del Chubut.
Del 25/05/2009